Estaba sentada frente a su ventana -un dìa màs- nadie como ella podìan apreciar los cambios que se originaban en el cielo, habìa màs ò menos nubes, estaba màs celeste, turquesa ò negro, màs estrellas, màs fuerte el sol, mas suave la luna, venga, hacìa tanto tiempo que todo habìa pasado.....nunca podrìa olvidar el momento en que se sintiò presa de un amor, tan extraño como èl mismo.
Estaban en la misma librerìa, no lo habìa visto, hasta que decidiò ir a la secciòn de policiales, suspenso y aventuras, sus lecturas favoritas para distraerse de una dura jornada en la ONG en la que trabajaba.
Los dos al mismo tiempo extendieron la mano para tomar un ejemplar de Aghata Cristie, le rozò la mano y ella sintiò como una descarga elèctrica en todo el cuerpo, el hombre que le sonreìa pidiendole disculpas y que tomara ella el libro, era muy comùn, sino hubiese sido por la fuerza de sus ojos grises, que se volvieron transparentes al sonreìr.
Despuès de hablar de esa autora, preferida por los dos y de comprar cada uno un ejemplar, la invitò a tomar un cafè y a seguir conversando sobre ...Aghata.
La librerìa tenìa un pequeño bar, sus mesas estaban con un mantelito verde, con floreros, muy "britànico" como dijo Antonio, tambièn fuè muy britànico el tè de hierbas que Maby pidiò, todo se daba para una grata conversaciòn, que durò un par de horas, hasta que ella se asustò, comenzò a disculparse, era muy tarde y debìa volver a su casa y no quiso dar mas explicaciones, pero èl muy amable la invito a ir en su coche ya que llegarìa màs ràpido si èl la llevaba. Aceptò, pero pensaba en apearse del automòvil un par de aceras antes. En realidad sentìa una extraña sensaciòn, mezcla de nervios, placer y susto. Antonio le pidiò el telèfono para poder volver a conversar de literatura ya que coincidìan en varios autores. Maby dudaba pero avergonzada se lo diò. Bajò del auto como pensaba y camino lento tratando de que èl se fuera.
Cuando viò que el automòvil se iba, apresurò el paso y llegò ràpido, en cuanto entro sintiò la voz de su madre, preguntandole porquè habìa llegado tan tarde y si habìa cenado. Cenado? bueno con la charla ni se habìa acordado. Asì que cogiò unas frutas, se sentò al lado de su madre y le contò solo su dìa de trabajo mientras le preguntaba que habìa hecho ella.
Su madre se quejò de que "siempre estaba sola....", si lo estaba en realidad era porque ella querìa, ya que tenìa amigas, salìa pero siempre trataba de estar antes en la casa, antes de que llegara Maby para poder quejarse. Esta era una pena y una carga que Maby tenìa, su padre habìa fallecido jòven, y su madre se aferro a ella, como si fuera su ùnica razòn de vivir, y habìa muchas veces en que la agobiaba, la afixiaba, no tenìa toda la libertad que necesitaba, pocas veces podìa ella salir de marcha o a tomar una copa despuès del trabajo con sus amigas.
Sacudiò la cabeza para alejar los pensamientos que la dañaban y ponìan mal. Besò a su madre que ahora miraba televisiòn, le deseo buenas noches y se fue a dormir.
Pasò el otro dìa alterada, esperando en cualquier momento la llamada que sin darse cuenta, deseaba,y... no llegò, -me lo imaginè, en realidad se aburriò- pensaba triste.
Trabajò mecànicamente el resto del dìa y fuè a su casa, saludò y se acostò ràpido alegando que le dolìa la cabeza, ante las preguntas de su madre que querìa saber què le pasaba a - esta chica que nunca tenìa tiempo para estar con ella.-
Le pesò mucho levantarse, mientras se duchaba, pensaba en lo que hàbìa soñado y no podìa sacar nada en limpio, luego tomò un ràpido cafè, besò a su mamà que aùn estaba en la cama y se fuè a su trabajo.
Cuando màs atareaba estaba, sonò su mòvil, atendiò apresuradamente, cuando le dijo que era Antonio se puso tan nerviosa y notò un calor en sus mejillas, la estaba invitando a cenar porque habìa conseguido un libro casi desconocido de la autora favorita de ambos y querìa que ella lo leyera tambièn para poder comentarlo. Por supuesto que aceptò.
Se arreglò con mucho cuidado y saliò apresurada hacia el restaurante que èl le habìa indicado.
Cuando llegò lo viò ya sentado esperàndola, se acercò suave, casi felina, asì la viò èl que no pudo evitar una cara de asombro y admiraciòn.
La saludò con un beso en la mejilla, ella se sintiò nerviosa y encantada,pero pensò que finalmente tendrìa que decirle la verdad.
Sigue.......
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